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Desaparece ganador de EuroMillones
Ganó 45 millones de €, se compró un Mercedes y desapareció del pueblo
Los vecinos de Pudenza (Galicia) vieron por última vez a Manuel Santos Amigo hace unos días. El premiado en el Euromillones conducía un Mercedes deportivo.

En la calle Curros Enríquez de Santa Comba hay un teléfono que suena sin que nadie lo atienda. Parece que hay uno que no volverá a casa por Navidad. Para qué. A Manuel Santos Amigo le tocaron 45 millones de euros en el euromillones que cayó en Zas el pasado noviembre. De allí es él, de una aldea llamada Pudenza, en la parroquia de Brandomil, un lugar al que no iba mucho. A sus 53 años, contabiliza tres hijos y dos matrimonios. De su última esposa se encuentra separado. Dice ella que si le hubieran tocado 45 millones a su marido, se notaría al menos en algún regalo para su hijo, de seis años, pero nada.

Otra cosa han de pensar las vacas de Pudenza, que hace dos domingos lo vieron por última vez a bordo de un Mercedes deportivo que presumiblemente salió de los primeros intereses de una cuenta envidiable que le gestiona el Banco Pastor.

Cocinero

De Manuel Santos poco se sabe por Zas. Tal vez porque pasó muchos años en Madrid, donde trabajó como cocinero, o porque vivía en Santa Comba y no frecuentaba la plaza pública. De Madrid volvió a su tierra natal y se casó por segunda vez. Aquello fue mal. La familia tampoco está muy unida. Ni la mujer ni su tercer hijo saben mucho de él desde hace año y medio.

Su suegra no se cree demasiado lo del premio. Si le hubiera tocado a él la lluvia de euros, dice, «tería que facer fronte aos seus deberes de pai». Tampoco sus hermanos tienen mucho trato con el hombre más rico en un amplio radio. Algo pasó que no confiesan. Parece que Manuel Santos va por libre. De cocinero vivía en Madrid y en la Costa da Morte siguió ejerciendo de lo mismo. Primero en As Palmeras, un restaurante de Santa Comba. Dicen que tenía mano con los fogones y que el jabalí lo preparaba estupendo.

De Santa Comba se fue a otro restaurante, en Vimianzo. Se llama A Lagoa, y allí tampoco saben nada de él. Hacía ya una temporada que no trabajaba. Estaba en el paro y, si le tocó la lotería, el afortunado no pasó por el local para contarlo.

Pistas

Nadie ha confirmado que Santos sea el hombre más rico de Zas. El 21 de noviembre el director comercial de Loterías y Apuestas del Estado le entregó un cheque gigante, en todos los sentidos, a un representante del Banco Pastor, que se limitó a decir que se trataba de una persona «normal». Sí se sabe que la noche en la que se conoció el nombre del premiado, el móvil de Manuel Santos empezó a echar humo. A alguien se lo tuvo que contar.

Fue, tal vez, a su nueva pareja, con la que un rumor lo situaba en un hotel de cinco estrellas de A Coruña al día siguiente de saberse la noticia. También pudo haber hablado con su sobrino, camarero en la zona y que, al parecer, está con él. Seguramente ya habrá dejado el arte de la bandeja.

Los de Pudenza tampoco tenían muy claro lo del premio. Dudaban porque por allí no se veía fajo ninguno y porque la familia del nuevo rico seguía dedicándose a lo de siempre, a las vacas. Manuel Santos se ocultaba, y no es fácil ser cocinero en paro en Zas y estar en paradero más desconocido que Roldán en sus buenos tiempos. Los vecinos se pasaban el día con un ojo en la ventana. Y al final pasó. Fue el día del Mercedes. Iba con su sobrino y pararon en un bar a beber algo. Parece que ningún lugareño le preguntó. Mejor no importunar al hombre rico.

Desaparecido

Y esa fue la última vez, hace dos semanas. Ahora estará en algún lugar del planeta donde nadie haya oído hablar de la parroquia de Brandomil, ni de Zas. Y tal vez en un sitio donde a nadie se le ocurra pensar que el señor que recunca caviar iraní, por decir algo, asaba jabalíes en un local del medio rural gallego.

El día que pasó por el bar A Quiniela, que dirige Modesto García, anduvo muy fino. Sin ganas de pensarlo mucho pidió tres apuestas automáticas del euromillones. La máquina pensó por él y no lo hizo nada mal. Donde quiera que esté, le deseamos feliz Navidad. Seguro que la tiene ya inmejorable.



Artículo originalmente publicado en: La Voz de Galicia
 
 
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